Ser líder de voluntarios: hacerse cargo de una persona y regresarla mejor a su comunidad

Muchas veces, servir empieza con una actividad. Poner las sillas, dar una clase, llegar a tiempo cada domingo. Eso es servicio de verdad y merece respeto. Pero para algunos, esto debería ser solo el punto de partida. Detrás de cada actividad hay personas, y quien sirve el tiempo suficiente termina siendo responsable de algunas de ellas. Ahí servir deja de ser repetir una actividad y empieza a ser un líder.

No todos están llamados a ser un líder ya que involucra una mayor responsabilidad e inversión, y quien cumple fielmente su actividad cada semana sirve de verdad, y estoy sumamente agradecido. Este artículo es para quienes tienen el deseo de crecer como líder (o siervo).

Ser un líder es hacerse cargo de una persona, invertir en su crecimiento y presentarla a su comunidad mejor de como la recibió. En nuestro caso, nuestra comunidad Jardines.

Esto es más difícil de lo que parece, sobre todo para quien trabaja voluntarios. No hay sueldo que ofrecer ni autoridad para exigir. Por eso es fácil confundir el éxito con que la gente dependa de uno. Hay que decirlo sin rodeos: mantener a las personas dependiendo de uno puede ser una forma de protegerse a uno mismo. Mientras alguien nos necesita, no tenemos que preguntarnos si servimos.

Así termina un buen liderazgo

Hechos 9 cuenta cómo termina bien el trabajo de un líder. Dorcas, una mujer conocida por servir a las viudas de Jope, murió. Los creyentes mandaron llamar a Pedro y él fue con ellos. Hizo lo que le correspondía: sacó a todos del cuarto, oró y le ordenó que se levantara. Cuando ella se incorporó, llamó a los creyentes y a las viudas, y se la presentó viva. La regresó a quienes la habían perdido.

Lo que Pedro hizo en Jope no se repite. El orden de lo que hizo, sí: se hizo cargo, actuó y la regresó. De ahí salen tres movimientos.

Primer movimiento: hacerse cargo

Todo empieza cuando alguien decide que una persona es su responsabilidad por una temporada. Pedro ya visitaba a los creyentes de la región, y cuando lo llamaron en Jope, fue. Hay líderes que esperan a que les pidan ayuda y otros que se adelantan. En los dos casos, hacerse cargo significa estar al pendiente y decir que sí.

Un ejemplo: un líder de grupo nota que una integrante dejó de asistir después de perder su empleo. Nadie se lo pidió. La busca, la visita y le dice: “Cuenta conmigo.” Eso es hacerse cargo.

Hacerse cargo no es adueñarse. La persona pertenece primero a su familia y a su comunidad. El líder la acompaña por una temporada.

Segundo movimiento: invertir y ayudar a mejorar

Aquí está el trabajo largo, y es una responsabilidad del líder, no un favor que hace cuando tiene tiempo. Significa escuchar, decir la verdad aunque incomode, delegar o involucrar y quedarse en la parte lenta, cuando todavía no se ven resultados.

¿Qué es mejorar? Que la persona pueda salir adelante y hacer el trabajo por sí misma y pueda servir a otros. Esa es la medida, no cuánto agradece ni cuánto depende.

Con el mismo ejemplo: el líder platica con ella cada semana durante meses. Al principio, solo la escucha. Después la ayuda a buscar trabajo y le pide que acompañe a otra persona que está pasando por algo parecido. Poco a poco, ella deja de recibir y empieza a dar.

Hay un límite. Un voluntario no es consejero ni pastor. Cuando la necesidad es mayor de lo que puede cargar, llevar a la persona con quien sí puede ayudarla también es ser un buen líder.

Tercer movimiento: regresar

Regresar es presentar a la persona con otros, darle un lugar en el grupo y dar un paso atrás. También es preparar a la comunidad para recibirla. Pedro no regresó a Dorcas a un cuarto vacío. La devolvió a creyentes y viudas que la esperaban.

El líder del ejemplo la invita a organizar la convivencia del grupo y le pide a otras dos familias que se acerquen a ella. Cuando ella tiene a quién llamar, él deja de ser su primer contacto.

Regresarla cuesta. Hay menos llamadas y menos agradecimientos. Esa pérdida es la señal de que el trabajo salió bien, aunque no se sienta así.

Una pregunta para el líder

Piensa en la última persona a quien ayudaste. Si faltaras un mes, ¿quién la sostendría?

Si la respuesta es nadie, el trabajo sigue sin terminar. Algunos líderes nunca lo terminan, porque es más cómodo ser necesario. Esa comodidad sale cara: a la persona, que nunca termina de crecer, y a la comunidad, que nunca llega a recibirla.

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