Lo que sí (y lo que no) debes esperar de tu pastor
Si buscaste esto en Google, es porque algo no te ha sentado bien. Tal vez tu pastor no te llamó cuando esperabas. Tal vez sientes que no te escucha. Tal vez llevas semanas cargando una molestia que no sabes si es justa o exagerada.
No te voy a decir que te calmes, que está bien o que está mal. Vengo a darte una herramienta que espero que te ayude: una forma de distinguir entre dos tipos de problemas, para que tu próximo paso sea el correcto y no el que sientes en el momento.
No toda frustración es la misma
La carta de Pablo a Tito fue escrita para poner en orden una situación difícil. Tito estaba en Creta, una isla conocida por su corrupción, encargado de organizar iglesias nuevas. Pablo no le dio vaguedades, le dio dos listas concretas: una sobre organización, y otra sobre el carácter que debe tener quien lidera una iglesia.
Esa segunda lista es la que nos interesa hoy, porque te ayuda a hacer una pregunta que probablemente no te has hecho: lo que me molesta de mi pastor, ¿es un problema de carácter, o es una expectativa que yo le puse sin que la Biblia lo mandara?
Lista 1: cuando sí es serio
Pablo es específico. Un pastor no debe ser soberbio, iracundo, violento, deshonesto en lo financiero, ni descuidado de su propia familia. Estas no son preferencias de personalidad. Son advertencias sobre el carácter de alguien que tiene autoridad sobre otros.
Si lo que has observado de tu pastor cae aquí — un patrón de mentira, de manipulación, de ira descontrolada, de deshonestidad con el dinero de la iglesia, o una vida familia visiblemente descarrilada — no es algo que se debe minimizar. Esto no es cuestión de gustos. Busca consejo de otras personas maduras en la fe. Qué decisión tomes después de eso — quedarte, buscar ayuda externa, o irte — no me corresponde decírtelo. Pero sí te digo esto: no lo ignores, y no lo cargues solo.
Lista 2: cuando es una expectativa, no una falta
Ahora, la mayoría de las frustraciones con un pastor no están en la primera lista. Pablo le pide a Tito organizar, corregir lo que faltaba, establecer líderes. Eso es trabajo, no carácter. Y el trabajo se puede hacer de muchas formas legítimas.
Si tu pastor no visita como el anterior, no organiza los eventos como tú esperabas, o no te llamó cuando pensaste que debía — antes de sentir que no es un buen pastor, pregúntate:
¿Esto es pecado, o simplemente diferente a lo que yo prefiero?
¿Esperaba esto porque la Biblia lo exige, o porque así lo hacía el otro pastor que conocí?
¿Ya hablé personalmente con él, o estoy juzgando desde lejos?
¿Esto afecta su carácter, o solo mi comodidad?
La mayoría de las veces, la respuesta honesta desinfla la molestia. No porque no importe lo que sientes, sino porque descubres que le exigías algo que Dios nunca le exigió.
Qué hacer con lo que sientes
Si después de este examen sigues sintiendo que algo necesita decirse, no lo hagas desde la emoción del momento. Escríbelo. Pon en papel exactamente qué te molesta y por qué. Luego, ora por dos o tres días antes de hacer cualquier cosa.
El ejercicio de escribirlo te va a revelar cosas. Vas a notar si tu molestia tiene fundamento real o si se desinfla mientras vas buscando palabras claras. Y si después de esos días persiste, entonces habla con tu pastor — en privado, y con respeto. No con testigos, no en redes sociales, no a través de terceros. Cara a cara, con lo que ya escribiste y ya oraste, no con lo que sentiste una hora antes de hablar.
Esa disciplina no elimina tu frustración. Pero sí asegura que lo que digas venga de haber pensado, no solo de haber sentido.